Trabajar con presupuesto 


Por Marta Valverde

︎︎︎Marta Valverde (Nigrán, 1994) es una creadora audiovisual especializada en Arte Contemporáneo Tecnológico y Performativo.

Sus proyectos destacan por un carácter intimista, en muchas ocasiones basados en sus propias vivencias personales.

Embarcada ahora mismo en el rodaje de su próximo cortometraje, nos habla sobre la utopía que supone trabajar con presupuesto en el audiovisual.


Foto: Aitana Tubío

Yo, como tantas otras, me he educado con productos audiovisuales cuyos presupuestos no cabían ni en mi imaginación.
Al principio, también como todas, intenté imitar a mis grandes referencias con una millonésima parte de su dinero y el resultado era, evidentemente, un bodrio. Más tarde y gracias a modelos de producción más próximos a mi realidad, empecé a desenvolverme cómodamente en la precariedad.

Con la imaginación desarrollada gracias a la falta de dinero, gané una convocatoria en Vitoria cuyo premio era exponer en una galería de verdad. La mayor parte de las convocatorias en Euskal Herria diferencian entre dinero para producción y dinero en concepto de honorarios. (Honorarios. Cobrar por trabajar. Sin justificar gastarlo en 1000 metros de cinta de carrocero). Además, contaban con un técnico de montaje que me libraba de las habituales carreras para comprar martillo y puntas y yo que sé qué más, y de subirme con dudosa seguridad a una escalera para colgar monitores hasta estar exhausta.

Foto: Marta Valverde

Imagen: Marta Valverde





“Hay que estar muy al día para saber qué término definitorio parece pedante actualmente: ya están tachados de la lista artista, filmmaker y cualquier cosa seguida de multidisciplinar...”







Mientras el señor técnico me preparaba la sala, fui a la entrada a preguntar por la directora del centro y la recepcionista me preguntó que de parte de quien. “Soy Marta” a lo que contestó “ah, claro, eres la artista” sonreí. En mi mente completo siempre la frase con “de la pista” desde que vi al dibujante y animador David Fidalgo utilizarlo como título en una de sus exposiciones. Hay que estar muy al día para saber qué término definitorio parece pedante actualmente: ya están tachados de la lista artista, filmmaker, cualquier cosa seguida de multidisciplinar y por el camino van creadora y creativa.

Esa fue la primera vez que trabajé en un proyecto propio con presupuesto. Ahora estoy embarcada en otro experimento con el que pasó parecido: envié el dossier con entre cero y menos 1000 esperanzas y sonó la flauta. De repente me daban 6000 euros para hacer una paranoia enorme que había propuesto. Estuve dos días intentando interiorizar que era verdad en los cuales revisé muchas veces la resolución de la subvención e incluso dudé de mis propios apellidos (¿me la habían dado a mí en serio?). Cuando ya asumí que era cierto, entré en la fase de no saber qué hacer con ese dinero. Acostumbrada a trabajar yo conmigo misma y con mi material, tener un presupuesto que gastar no encajaba en mis planes... ¿me voy a quedar con la pasta directamente? Igual era demasiado.



Foto: Marta Valverde

Entonces, un día mientras estaba conduciendo se me iluminó la bombilla: podía utilizar ese dinero en liar a gente creativa que me molase sin tener que pedir mil millones de favores, hacerles regalarme su tiempo, su material y su creatividad y pagarles a base de “reconocimiento” (aka menciones de mi instagram de 800 seguidores). Aquí viene la parte triste de la historia porque si pretendía montar un equipo técnico al uso para un rodaje los 6000 euros (menos impuestos que aún no sé a qué cantidad ascienden, yo analfabeta burocrática) volaban en el sueldo de un par de jefes de equipo. Pero como soy de alma punky decidí contactar sólo con un par de personas para que pudiesen cobrar decentemente y aún quedase algo de fondo para material o alquileres varios.

Como trabajar con dinero sigue siendo algo nuevísimo para mí (graduada con un máster y, aunque esté feo decirlo, con bastante experiencia en el sector y algo de talento) sigo sin tener calculado exactamente cuánto podré pagarle a esta pobre gente que me dijo que sí antes de saber que había dinero por el medio (benditos). Puedo adelantar que cuando le hice una aproximación a la directora de arte de cuál era mi idea para su sueldo casi se cae para atrás del susto por ver una cifra con al menos dos ceros en concepto de honorarios (increíble poder cobrar directamente nosotros una cantidad que sería suficiente para pagar un mes o dos de alquiler).

Destaco también aquí el poder burgués de estar en una reunión y decir “qué necesitas?” “eso lo compramos” “cómpralo, cómpralo” “compra más y que sobre” “te hago ahora mismo una transferencia”. Y cada vez que vamos a localizar sale de mí pagar los cafés porque estaba acostumbrada a que ese fuese el único gasto que podía asumir... supongo que ahora que les pago el transporte y las dietas corren a su cuenta, ¿no? Por favor que alguien me explique cómo se hacen estas cosas.

Escribo esto mientras mi novia corretea con un foco apoyado en una invención de trípode y que tiene por pala la base de un molde para hacer bizcochos sujetado con pinzas. Supongo que lo de tener presupuesto seguirá siendo siempre la excepción.




Abril 2021 
@bodermagazine

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