Relaciones - 2021


Por Ana Campos 

︎︎︎Estás en la cama. Ya a oscuras, se ilumina toda la habitación con el brillo de la pantalla de tu móvil. Tienes una nueva notificación. Es ese mensaje, el que llevas esperando todo el día. Es el "hola", el "adiós", el "te echo de menos", el "que te jodan", el "yo también te quiero", el "siento hacerte daño"...

Nuestros sentimientos se acaban codificando como unos y ceros ¿Vivimos una nueva etapa del amor? Quizá esos números solamente le han quitado protagonismo al “de mi puño y letra”. No estamos inventando nuevas formas de decir “te quiero” si nuestra forma de sentirlo sigue siendo la misma ¿O sí?

Este fanzine son 10 capturas de pantalla diferentes de 10 conversaciones en RRSS diferentes. 10 formas de entender el amor diferentes escritas por 10 personas diferentes.

10, unos y ceros.

Aunque el proyecto todavía está en desarrollo, este es un pequeño adelanto de lo que va a llegar a ser.



Inés Azagra Prego
whatsapp, 7 de enero de 2021
"Quiero despedirme bien de ti, por si vuelvo y ya no te acuerdas de mí."


(N del A: Léase con acento argentino)
(Ella, marca un número de teléfono. Se escucha el timbre de la llamada.)

Él: ¿Diga?

Ella: Soy yo. Quería hablar con vos.

Él: Che, de qué tenemos que hablar, ya esta todo dicho, qué vienes a remover...

Ella: No se tratá de eso. Mirá, ya sé que no hay nada que hacer, pero tratemos de despedirnos como personas adultas. Te lo pido por favor.

Él: ¿Y pensás que la mejor manera es así, por el celular? Ella: Mirá por la ventana trasera de tu cocina... (cortante)
Él: No estoy.

Ella: Bueno, cuando llegues a casa, no te pongás furioso...
(de nuevo, muy cortante, irritado)
Él: No me pongo nada es que no parás de decirme boludeces, no te entiendo che...

Ella: Lo único que quiero es que mires por la ventana y te fijes en los hilitos que atraviesan tu calle, como colgando del cielo, intentá fijarte cuando llegues a casa. Esos hilitos atados por las extremidades a antenas son lo único que ahora mismo nos une físicamente a ti ya mí, ¿no te parece mágico? Observá esos hilitos negros, verás los pájaros balancearse en ellos, como intentando comerse los mensajes de amor que te fui dejando. Sabés muy bien que por vos mataba y no me vengás a decir lo contrario... Esos hilitos ligeros que nos comunican están con la barriga llena de besos sin dar y peces multicolores. ¿No te parece una locura?

(esta vez es ella quien le corta a él)

Ella: Dejáme acabar, te prometo que será lo último. Lo hago por ti, para que no me olvides cuando vuelvas a despedirte. Para que entiendas que en todos esos hilitos nunca dejaré de estar, por mucho que te esfuerces. Porque entonces las instrucciones para olvidarme de vos serían no volver a mirar al cielo.

(Ella, sale al patio de la cocina, se enciende un pucho. Mira al cielo -y después a los hilitos,- sonríe)




Pablo Aguilar Martín
whatsapp, 9 de enero de 2020
"No sé, es bonito sentir tanto amor... pero cómo duele! Su puta madre"


Sentado en un avión, el primero desde marzo, recuerdo el sonido de aquel que fue el último. El silencio era sepulcral y una compartida sensación bélica imperaba allá arriba, surcando fronteras ahora prohibidas. Dentro de mí se libraba otra batalla más egoísta, quizás. En el fondo sabía que no volvería a verle, y él me lo había medio confirmado por teléfono. Yo fantaseaba con nuestro reencuentro, y vivía a través de sus llamadas cuando percibía añoranza en ellas. Nos dijimos “somos listos, nos las arreglaremos para vernos”, y nombres de ciudades recorrían nuestras lenguas como quien tiene dinero y vive años atrás. Me agarraba a esos deseos compartidos, ignorando que casi nunca lo eran, ignorando incluso todo lo malo que ocurrió. En algún punto acepté que mantenía una relación con alguien que no existía, o que ya se había ido. Pero de pronto volvía a percibir amor en sus palabras y me olvidaba de todo el frío de atrás. Entonces llega ese momento en el que le obligas, prácticamente, a que te diga con violencia lo que ya sabes, lo que ya deberías haber asumido y te metes el dedo en la herida y escarbas, escarbas y te sientes estúpido, y pierdes el habla, y escuchas cómo pronuncia un discurso apático, ensayado, bruto, y tú no estás, no puedes estar, a la altura de esa conversación. Quieres enfadarte pero no te sale, quieres rogarle pero no te dejas. Y entonces te dice que se tiene que ir y cuelga, y te quedas parado en ese portal en el que te has sentado, y la gente va hacia sus oficinas pasea sus perros hace sus recados, ajenos a la explosión que tienes en el pecho.

Después te recuperas. Es un shock necesario, y de algún modo pone punto y final a ese trance, abandonado a merced de otra persona. Quedáis en seguir en contacto, en ser amigos, os llamáis un par de veces más y desde luego hay cariño, pero ¡qué necesidad! Te reconcilias contigo mismo en cuestión de días, a pesar de que te asaltarán remembranzas de un momento a otro, las resignificarás y dirás “ja! cuánto he aprendido de esto!”, pero todos sabemos que volverás a perderte en otra persona, quizás no de la misma forma, quizás con un temple menos forzado. Pero te ocurrirá de nuevo porque, joder, no nos enseñan a amar ni a que nos amen, y nos encantan los discursitos sobre nuevas formas de querer, y nos decimos: ¡este seré yo algún día! Pero, seamos realistas, nada se siente mejor que amar y ser amado, y fácilmente me olvidaré de todo eso que leí en un hilo de twitter y de lo que dije “es el camino!”, porque lo es, no digo que no, pero en toda emoción vehemente duerme algo de imprudencia.

Y llego nuevo a esta ciudad, y recuerdo la última ciudad a la que llegué. Y llevo un tiempo sin amar y sin que me amen, y me gustaría asegurar que amaré pero no me perderé, pero llegar nuevo a sitios es jodido, y en el amor, como en la ciudad, es muy fácil perderse.



@llorandísimo__
whatsapp, 26 de diciembre de 2020
"Si esto tiene que acabar en algún momento me lo dices"


1. No sé, las cosas no deberían de ser así. No porque yo lo diga, o sí.

2. Hace poco hice limpieza en el disco duro y encontré las fotos de un día de verano que fuimos a comprar helados al Carrefour y luego a las vías del tren. Una vez, después de separarnos, quise volver a las vías del tren, pero la hierba había crecido muchíiiiiisimo y ya no se podía ir por ahí.

3. Pensé mucho en por qué las cosas que me irritaban en ti no lo hacían en mí.

4. Cuando nos conocimos yo ya había aprendido que no siempre el querer, el deseo, el empeño o el capricho hacen que tú y yo funcionemos.Cuando nos conocimos yo ya había aprendido que utilizaba el daño que me habían hecho para inflar mi ego, ya había aprendido que yo no podía pedirte que tú fueras como yo quisiera. Cuando nos conocimos ya había aprendido a levantarme de la cama sola.

5. Cuando nos separamos sentí que habíamos dejado de vivir en el mismo mundo, y de hecho, dejamos de hacerlo. Pienso mucho en cómo era tu cuarto. Había dos colchones, uno encima de otro, porque cuando se te rompió el somier tu padre no quiso arreglarlo y el somier cogía óxido a la intemperie en la cuesta del garaje que se veía desde la ventana de tu cuarto. No he vuelto a pasar por delante de tu casa pero seguro que el somier sigue allí. Seguro que si miro la cuesta del garaje en Google Maps el somier sigue allí.

6. Nunca te he besado sin estar borracha. La primera vez que pasó me fui a casa con el mismo pensamiento con el que me había ido años atrás y en mi boca nació un candado de gran peso que nunca me iba a dejar contarle a nadie lo que esa noche había pasado.

7. Cuando nos conocimos yo empecé a aprender, aprendí tantas cosas que ni siquiera me caben en las manos. Nunca había visto tantas ganas, tanta vitalidad y tanto ímpetu por ser. No el ser de lxs niñxs pequeñxs cuando dicen que quieren ser médicxs o youtubers.
El ser que no sé cómo explicar, lo veo cuando tus amigxs te miran y se les ve una cosa en los ojos que ¡ay!.

Ana Campos
tinder, 19 de marzo de 2020
“¿Mañana estarás aquí o eres de las que desaparece?”


Sinceramente no sabría decirte en qué momento me quedé dormida ayer. Una parte de mí siente que no ha dormido nada, que me he pasado toda la noche pensando o que incluso, en mis propios sueños, continuaban dándole vueltas. Lo que sí, es que me desperté desorientada, había pospuesto demasiado la alarma y no tuve tiempo a nada. Eché en un vaso el poco zumo que quedaba en la nevera, lo agité tanto que la pulpa se quedó pegada por toda la superficie de la botella...

De verdad, perdón por ser pesada, le estoy dando más vueltas de las que debería y quizá esto no tiene mucha importancia para ti. En fin, eso. Tiré la botella y me quedé mirándola. Debería aprovechar más esa parte del zumo, porque lo pienso y, te vas a reír de mí, pero... me siento reflejada en esa estupidez.
Yo, como esa botella, me he agitado más de una vez intentando evitar que mi parte sólida (la pulpa), es decir, aquello de lo que estoy al cien por cien segura, no se quede en el fondo para que así, mezclada con mi parte líquida (el jugo), mis inseguridades, pueda mostrarme tal y como soy. El problema es que me van bebiendo y por mucho que intento agitarme para dar todo de mí, mi fondo siempre acaba en la basura para convertirse en miedos y preguntas que no sé responder.

Sé que quizá nada de esto tenga sentido y que me estoy yendo por las ramas porque realmente no sé cómo decirte que una parte de mí quiere seguir estando a tu lado, mientras que otra sabe perfectamente que la solución es desaparecer de tu vida y que el tiempo nos marcará lo que tiene que pasar.
Seguro que piensas que soy una pesimista, pero desde el primer momento en el que te conocí sabía que mis inseguridades rebosaban. No era el momento ni el lugar para comprometerme, pero ahí seguía... dispuesta a que bebieras de mí. Y no pienses que te odio, que estoy enfadada o que no me importas. Creo que lo único que sé es que estoy triste por sentir que esto es lo que tengo que hacer y decepcionada conmigo por no ser lo suficientemente madura como para obviar mis sentimientos, como si alguien pudiera hacer eso. Me queda poca pulpa y no quiero que sigan bebiendo.

Abril 2021 
@bodermagazine

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