Introducción  


Por Laura Meijueiro

︎︎︎He vuelto.
Dicho así y tal y como me encuentro ahora (metida en cama y con una bata con capucha puesta) me siento como Gossip Girl, aunque con menos glamour y ninguna historia jugosa que desvelar. Pero sí, ha sucedido, no he dejado morir este proyecto.

He invertido mucho tiempo de los últimos dos meses en pensar qué sentido darle a este número; ya no es una prueba, se supone que debe transmitir algo, ¿O no?
Foto by Claudia Silva

Una vez me dijo mi psicóloga que tendía mucho a anticiparme. Me doy cuenta de que es verdad al pensar que llevo desde noviembre anotando cosas con las que poder escribir algo para esta introducción, y que sin querer ese espacio se convirtió en una especie de conversación conmigo misma sin demasiado sentido. Y no sé qué es peor, si enfrentarse a la página en blanco o a la página llena de líneas tachadas. Pero si tengo que rescatar alguna de esas notas y resumir con ella lo que he sentido en este periodo de tiempo, sin duda me quedo con esta: “Llorando en el coche de camino a Decathlon”. Podría ser el título de una canción pop de desamor, sin embargo solo soy yo un poco ansiosa y un poco triste yendo a comprar leggings y mancuernas por si nos confinaban de nuevo. Casi todo agotado. Parece que mi diagnóstico es común.

Y es que ya no sé si es el aire apocalíptico (lo de post- me parece demasiado optimista todavía visto lo visto) o la crisis de los 25, pero en los últimos meses no han parado de rondar en mi cabeza preguntas cómo “¿Quién quiero ser?” “¿Qué quiero contar?” “¿Qué sentido quiero darle a esto?”. Supongo que resulta importante hacérselas pero, ¿Es imprescindible tener una respuesta para ellas?. 

Una de las cosas que menos me gusta de esto de crear es la necesidad que parece existir por justificarlo todo.  Por supuesto en muchas ocasiones hay un mensaje, un discurso o como quieras llamarlo, detrás de cada imagen (hablando de mi trabajo), pero no me parece menos válido o interesante el hecho de crear por crear, o hacerlo por pura estética. Un fotograma, una frase o una prenda puede bastar como punto de partida y no siempre el mensaje tiene que ir por delante del resultado final. Opino.
Con el tiempo me he dado cuenta de soy menos vaga de lo que creía y que no sé estar sin hacer nada: me uno a proyectos, inicio otros, desarrollo ideas constantemente, digo no menos de lo que debería... y casi siempre por el simple placer de hacerlo. Disfruto de los procesos y de las personas involucradas en ellos. Quizás ahí se encuentre el sentido de este espacio: conectar con gente, intercambiar ideas, conocer visiones diversas... Y divertirse, por supuesto. ¿Existe un motivo mejor?

Al final, todos estos pensamientos que me han acompañado y he ido plasmando en libretas, notas del móvil y mensajes de whatsapp, se han visto reflejados de alguna forma en la selección de los contenidos que se incluyen en este número y en las conversaciones que he tenido con algunos de los protagonistas de los mismos. Diría incluso que me han ayudado a despejar ciertas dudas.

No sé. Tan solo soy una chica intentando tomar buenas decisiones.

¿Tiene sentido lo que digo?


Enjoy,

Laura.


︎︎︎

@lauraymd








Abril 2021 
@bodermagazine

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